Inspirado en los comentarios de mis alumnos de 6º de primaria, y tras realizar una visita por la costa de mi pueblo, surgió este relato:
Estos profes míos son algo raros. Se podrán creer que parea celebrar La “Semana de la Familia” no se les ocurre otra cosa que hacernos dar una pateada infinita para enseñarnos no se que de fotografía, de la costa de los Realejos. ¡Pero si hoy en día eso lo hubiéramos visto con un solo ¡Clic! de ratón! . ¡Nada! Que tendré que sacar mi cámara de fotografía, mi mochila y mis botas de montañismo y que sea lo que Dios quiera.”. Con lo divertido que sería quedarse en cole, haciendo alguna manualidad, jugar al fútbol en el patio y llegar a casa descansados y limpio. ¡Lo que les decía!, estos profes están majaras.
Este pensamiento me recorrió el cerebro la noche antes de la visita. ¡¿qué sorpresas me esperarían a la mañana siguiente?El paraje conocido como "Rambla de Castro", me quedaba tan alejado de todo, que no conseguía hacerme ni una leve idea de como sería y mucho menos de donde estaba.
Pertrechados con cámara y mochilas. Recorrimos la distancia que hay entre nuestro colegio y
El camino resultaba muy seguro pero no por ello exento de emoción. En la desembocadura del barranco de Godines, unas pequeñas construcciones con un patio exterior, nos dio la bienvenida. Una vez más, a toque de silbato, se nos dio la orden de descansar. Se nos permitía beber agua y como mucho comer alguna galleta. Lo de comer alguna galleta lo entendimos mal, de nuestras mochilas volvieron a salir los paquetes de papas fritas, las chocolatinas , golosinas y algún que otro bocadillo .
Nuevamente el silbato rompió el encanto y nuevamente se nos ordenó “levantar el campamento”. En ese momento, el profe se puso muy serio y nos contó algo sobre una gruta que había que atravesar par cruzar al otro lado de la costa. Aquello me sonó raro pero por fin comprendí el porque de la linterna que nos hizo traer El caso es que llegamos a aquella diminuta entrada
El profesor entró sólo, se perdió en ella ( eso me pareció ) y al cabo de cinco minutos regresó con una amplia sonrisa para decirnos que todo estaba en orden . No todos terminábamos de creernos aquellas palabras pero nadie fue capaz de dar un paso atrás. Encendimos nuestras linternas y seguimos al profesor y sus indicaciones. La verdad que era una gruta estupenda, las linternas dibujaban haces de luces , que como espada rompedoras de misterios, reflejaban en las paredes nuestros caras iluminadas por el asombro. La voz del profe iba y venía dentro de la gruta y tras ella destellos de flash lo iluminaban todo.En pocos minutos llegamos a la salida. Algunos quisieron repetir , pero el profe se puso algo pesado y no nos dejó. Recuerdo como un compañero se le acercó y le dijo “ Esta ha sido la mejor excursión que he realizado nunca." ."Gracias por traernos"
Francamente, sentí lo mismo que mi compañero, pero creí que no era el momento de repetir lo que otros ya habían expresado . El caso que nuestra aventura no terminó aquí. Estos profes nuestros parecen incombustible .
A la salida de la gruta pudimos comprobar la bellísima costa de Castro con su imponente roca que simula la silueta de un camello echado sobre un colchón de espumas. Las olas rompían suavemente sobre el callado y el olor a mar, mezclado con las tabaiba , cardones, y cañaverales, abrieron nuevamente nuestro apetito. Ignorante de lo que nos esperaba. vimos como el profesor tomaba una vereda poco transitada y por la que pretendía bajar hasta la playa. Como anteriormente hizo en la gruta, recorrió sólo el camino y retomó sus pasos para darnos la gran noticia : “¡ No hay peligro!. No todos opinamos de la misma manera pero no era cuestión de echarse a tras. Algunos compañeros necesitaron vencer sus temores y miedos y, agarrados fuertemente por el profe, cruzaron la verdea hasta llegar al callado. Otros, en un mal paso, se deslizaron por un terraplén cubierto de frondosa vegetación y entre risas, o tal vez miedos mal disimulados , solicitaron la ayuda pertinente . El caso es que cuando llegamos a la playa, El profe bajo por el terraplén y sin ningún esfuerzo llegó a nuestros píes. Pasado el tiempo del descanso y la la comida , volvimos a subir, esta vez por un paseo lleno de frondosa vegetación, y cómodamente limitado por barandilla de maderas y balaustre del mismo material. Llegamos con la lengua a fuera y sin tiempo para un respiro, recorrimos el pequeño paseo que nos separaba de
Como todo lo bueno, nuestro día de aventura estaba llegando a su fin . Subimos por el camino que nos lleva hasta la ermita de San Pedro y allí , esperamos la guagua que nos llevaría al cole.
Ahora estoy en mi casa, aseado y descansado, paladeando lo andado y lo vivido, observando mis fotografías e intentando guardar el negativo de las mismas en los más hondo de mi cerebro para que nada, ni nadie, pueda borrar la que sin duda fue: “Mi mejor excursión”
©José Manuel Curbelo Abril 2007
esta muy bien hecho profesor josé
ResponderEliminarprofe heche un vistaso y vi que tienes las imagenes de clase te la cogi prestada ok un saludo
ResponderEliminarProfesor Jose te he puesto un comentario , soy David se sexto b y porcierto esta muy bien este blog te lo juro ;)
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